En las Nubes de Bespin

Universo lejano muy, muy lejano y libre de una ser humano con dos patas. Diario no diario de una irónica ser terrenal. || TWITTER: @nubesdebespin

Categoría: retales

El abrazo del frío

Me abraza el frío

Azul es el cielo

Gélido es el hielo

Frío…

Calmado está el viento

Apaciaguada está la mar

Pero gritar quiero

Vacía estoy por dentro

Grito

Llora un niño, suena un teléfono, unas muchachas ríen. Todos rompen el silencio que impera. El público quiere oirme; no vienen a verme, vienen a oirme. Se abre el telón y todos callan. Hablo pero es un arrollador grito interior que nadie escucha.

Todos los gritos fuertes nacen de la soledad.
León Gieco, músico y cantautor popular argentino.

La luna

Un día fui a hablar con la luna, pues las dos somos de la noche y estamos como suspendidas en el infinito espacio. Le hablé a ese padacito de magia que sale cada noche, pero tan solo escuchaba rodeada de un apabullante silencio. Me gusta su luz, aunque no sea suya. Me gusta cómo juega con el astro sol al escondite. Cuando sale él, ella ya no está. Pero no necesita complementarse con el Sol, la Luna es tan solo la Luna. Aún así, el Sol y la Luna siempre están juntos. Cuando la observo, y gusta de ser contemplada, la veo impregnada de Sol. Un día hablé con la Luna y me dijo que el Sol le regalaba su luz a modo de abrazo eterno. Entonces pensé que los seres humanos somos unos necios al creer que ambos son dos amantes condenados a estar separados.

El sol amaba tanto a la luna, que moría cada noche para dejarla respirar.
Anónimo.

Corazón de salami

Lo tenía en la mano, bien agarrado. Y quería dárselo, dejarle claro que era suyo, pero ella seguía sin darse cuenta. Le había dejado tocarlo con la punta de los dedos y abrirlo para asegurarse de que allí dentro no había nadie más. Tomó un trocito y se lo ofreció sin titubear, y ella lo saboreó sin apenas tocarlo. Lo notó salado y algo picante, pero le gustó. Entonces se armó de valor y lo cogió, zarandeándolo en el aire varias veces. Y él, aprovechando la juguetona situación, le dijo que era suyo. Ella seguía sin saberlo. Lo envolvió en papel, lo guardó en la bolsa y se marchó.

Él le había entregado su corazón. Ella nunca había probado un salami tan bueno.

Un corazón es una riqueza que no se vende ni se compra, pero que se regala.
Gustave Flaubert, escritor francés.