Bailarinas polacas, la diva barbuda y una canción country

Vale, parece el título de una película independiente o mejor, una de Almodóvar. Pero no, hablo de la fiesta eurovisiva 2014 celebrada en la capital danesa el 10 de mayo y que desde luego no dejó a nadie indiferente. Ni a los organizadores del evento, vaya. Música lenta y ruidosa, buenos temas y otros no tanto, cierto aire kitsch y pinceladas de gallardía. Claro está que todo depende del cristal con el que se mira, porque mirar había que hacerlo, y mucho.

El Festival de Eurovisión ya no es lo que era. Atrás quedan aquellos certámenes políticamente correctos y vistos a través de los cátodos de los televisores en blanco y negro, con canciones y músicos de verdad. Imperaba la variedad lingüística del viejo continente, mucho antes de la era de la globalización, los regionalismos y la calidad musical. Hoy día la riqueza de lenguas se ha perdido (el reinado del inglés como lengua común es un claro factor), los regionalismos pasan a un plano casposillo y la calidad musical es convertida en hits del momento.

Pero sigue siendo la gran fiesta de Europa.

Nace una estrella mediática

El certamen del 2014 pasará a la historia eurovisiva (si no lo ha hecho ya) como un cántico a la tolerancia y la adversidad con todo un premio a la originalidad y a eso que marca la diferencia. El despliegue técnico-artístico de primer orden afianza su prestigio, algo muy difícil de ver en los tiempos raudos que corren. Y siempre con el telón de fondo de la excentricidad, la estética en la puesta en escena, voces en su sitio y un sistema de votaciones parcializado e injusto a las veinte mil leguas que ni el Capitán Nemo en el Nautilus. Y luego vienen lágrimas, alegrías, y egos por las nubes.

La fórmula para ganar el festival es como la de la Coca Cola: nadie la sabe. De la victoria de Austria, con los exsovieticos o los nórdicos votándose entre ellos, se puede decir cualquier cosa menos que ganó por el voto político. El fenómeno Conchita Wurst, mucho antes siquiera de que Eurovisión arrancara motores, ya empezaba a forjarse. La mujer barbuda, mitad diva, mitad friki; un personaje que combina vestido y barba, ha dejado bien claro que Europa se ha unido a la tolerancia por encima de bailarinas polacas sacando todo -que no dando-, o una canción de inspiración country, indispensable en el viejo continente. Y si encima sumamos talento, que pudiera ser que cantara un bodrio, mejor todavía. La erótica -y machista- actuación de Polonia estaba de más; lo peor es que nadie alzó la voz (esa que tanto sacaba la mujer barbuda) por la dignidad de la mujer. Una simple cuestión de hipocresía.

Conchita Wurst

Ganó “por los pelos”

El Rise Like a Phoenix de Conchita Wurst, un canto a la superación frente a la adversidad sin importar el qué dirán, muestra que el ser humano camina en la dirección correcta. Odiad@ y querid@ a partes iguales (se me permite el uso de la @, ¿no?; no sabría decir su género), se interesan por su persona -y personaje- y al mismo tiempo recibe críticas. Una cosa extraña, todo un personaje que dará más que hablar con sendas declaraciones que no ha tardado en hacer como que “Un mundo perfecto sería en el que dejáramos de hablar de cosas como la sexualidad” o su mensaje directo a Putin “Tienes que parar” por las duras restricciones a la homofobia en Rusia. No es casual (sino causal) lo que la mente puede llegar a pensar, y podemos cambiarlo, pero definitivamente no entra en mis prioridades imaginarme a las mujeres con barba. No es lo mirado, sino más bien cómo lo mira la mente.

Y he sido todo lo tolerante que he podido.

España dejó sin voz a Eurovisión

Por la parte que me toca, España con su Dancing in the Rain de la mano y voz de Ruth Lorenzo “bañada” por agua virtual, ha sido pura magia. Cantada con fuerza y garra y la novedad, mayormente en un correcto inglés non-typical Spanish, por unos minutos Europa cantó y bailó bajo la lluvia. No tuvo tanta suerte al pronunciar la lengua de Shakespeare la portavoz de los votos de España, la principiante Carolina Casado. Sus oit points tu Romenia fueron blanco perfecto de mofas, risas, memes y chistes varios por obra y gracia de las redes sociales que siempre son hervidero con este tipo de cosas (nos hacen más mal que bien). Algo absurdo, la pobre mujer no tenía la culpa. En cambio, no nos preguntamos a nosotros mismos por qué no pasamos del Do you speak English?

Spain is different.

Eurosivión

Y yo me bailo una jota con tus “oit points”

Pero vuelvo con Ruth. Con una imagen tipo sirenita de Disney (¿un guiño a la sirena de Copenhague?), la apoteósica actuación ha sido impecable, que si bien no ha podido con la barbuda diva austríaca ni con los resortes del voto eurovisivo (los portugueses deben estar ciegos y sordos por sus 0 puntos), el mérito se lo lleva, aunque no en forma de micrófono de cristal y el atruendo unánime del B&W Hallerne danés. Este año tocaba garbo y morbo, colectivos fans homosexuales y transexuales alzándose como el ave Fénix en pro de la tolerancia en el viejo continente, una Europa en gran tensión política y económica. Los europeos sucumben ante el efecto Conchita. Moraleja: da igual la imagen que se tenga, si eres de acá o allá, lo importante siempre lo digo, más que ganar, es disfrutar del espectáculo, ser original, ser diferente… y seguir.

Ya lo dijo Freddy Mercury: the show must go on.

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