En las Nubes de Bespin

Universo lejano muy, muy lejano y libre de una ser humano con dos patas. Diario no diario de una irónica ser terrenal. || TWITTER: @nubesdebespin

Categoría: batiburrillo critico

Adiós dieta. Hola genética

Mira que lo repiten una y otra vez y yo no me lo creo. Con el veranito las mujeres lucen tipito. Muchos y muchas dirían que es resultado de la inminente operación bikini. Nada, una dieta meses antes y ejercicio físico, y kilitos fuera. Parece fácil, al menos para el común de los mortales. Y es así, pero cuando nos pasamos al papel couché, señores y señoras, nada de dieta, ni ejercicio para quemar calorías en el gimnasio o corriendo (ahora lo llaman running) por las calles de nuestro barrio hasta sudar la camiseta. El secreto está en la buena genética, el yoga y dormir las 8 horas que todo ser humano adulto debe dormir. Y comer de todo, dulces incluidos. Si tienes la suerte de poseer una buenísima genética, tienes la mitad del recorrido hecho.

Belleza barroca

Las celebrities de las revistas, como los toreros, deben estar hechas con otra pasta. Cuando se les pregunta cómo consiguen recuperarse tan pronto de un embarazo, quitarse kilos de encima con la misma rapidez con la que uno espanta una mosca cojonera, o estar siempre tan frescas como una lechuga en las fotos y sin un gramo de grasa, alegan que en su familia son de muy buena genética, que beben muchísima agua —los 2 litros estipulados médicamente que practican y recomiendan el yoga, y que por supuesto comen sano, sin decir que no a nada prohibido. Claro que así están, delgadas y con tipito, tan divinas y estupendas ellas, siempre perfectas, sin ojeras, arrugas, granos o pelos. Pero las mujeres “reales” son las que tienen curvas, algún que otro michelín por ahí difícil de ocultar, con ojeras de tres al cuarto porque algunas son propensas o  no duermen por las noches porque sus críos las desvelan a cada minuto. También tienen arrugas porque reniegan del bótox y del Photoshop, granos porque su piel es grasa —¿quién dijo que el acné es juvenil?— y pelos en las piernas porque no tienen 3000€ para hacerse la depilación láser o tiempo para pasarse la Braun. Y quizá me he quedado corta.

No señor. La belleza, lejos de los cánones que allá por la antigüedad idearan los escultores griegos, es algo subjetivo y nos viene impuesta por los medios, no por la genética, aunque ésta ayude. Tampoco es que vayamos a defender el estereotipo de la mujer barroca oronda y rotunda que pintaba Rubens (sería un atentado contra la salud pública). Pero de verdad, la próxima celebrity que diga que el secreto de estar a tipo reside en comer sano, hacer yoga y beber mucha agua me presento ante el Ministerio de Sanidad para que le den el visto bueno a este método.

Dietas ¡para qué os quiero!

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Irrespirable

Respiramos un aire irrespirable. Y no lo digo yo. Somos más cochinos que los cochinos que ensuciamos todo a nuestro paso, tiramos basura donde no debemos y contaminamos mar, tierra y aire si es preciso, no vayamos a quedarnos cortos. Los índices de ese nada molón CO2 suben como la espuma, y con ello baja nuestra esperanza de vida. Consecuencias de una falta de civismo urbano.

Las ciudades visten una boina de diminutas partículas contaminantes por supuesto nada elegante para nuestras cabezas ni sana para nuestros pulmones. Y como Spain is different, por mal agüero ahí están nuestros héroes políticos que saben hacer lo que mejor saben hacer: nada.

Ahora atrincherémonos en casa, cerremos los cristales de los coches y pongamos en ON el aire acondicionado porque es de suponer que será el único aire limpio que podremos respirar en las grandes urbes donde ni las ratas pueden vivir. Eso o hagamos como las cabras: tirar para el monte.

El ventilador

“Xgtreiuhb vhyt wastre mjuypouh y twksjusgb”. A este sinsentido de letras añádele una tos perruna y una respiración tosca que ni Darth Vader y tendrás el diagnóstico al completo: caso de bronquitis aguda. El médico, muy listo él, nos dice que evitemos los cambios bruscos de temperatura en verano, pero qué gracia que su consulta parezca el Ártico. Los hombres siempre han sido de sangre caliente, mientras que las mujeres, salvo que sean menopáusicas, no tardamos en ponernos la rebeca por encima. Luego salimos a la calle, no hay rebeca que valga y todos a resoplar y sudar.

Pero oiga doctor, es que hace mucho calor y es imposible no echar mano del aire acondicionado”, alega el sofocante paciente. “Ponga un ventilador, que perjudica menos”, nos dice el matasanos. Pero el jodío no tiene uno en su consulta: tiene puesto el dichoso aire. Mano de santo. Qué ironía salir malos del consultorio médico.

Y para santo y cuestiones de aires, tampoco vayamos a las rebajas porque allí el aire acondicionado se dispara, como la factura de la luz. Y cuando llega la noche no sabemos qué es mejor: si subir y bajar el aire o poner en marcha el ventilador de cuatro aspas que aquello parece un batallón de helicópteros yankies sobrevolando Vietnam. De locos.

Compadezcámonos todos del calor… y de las noches de ventilador.