Querido señor 50 (malas) sombras

por ɴᴜʙᴇs ᴅᴇ ʙᴇsᴘɪɴ

Carta de una realista cuasi-inconformista lectora de 50 Sombras de Grey sin diosa interior

Tengo cincuenta sombras oscuras

No voy a mentirle, he leído su libro y visto su película, o al menos lo he intentado. Tras su fulminante estreno un día de San Valentín (que paradójico) y reventar la taquilla, tenía cuanto menos curiosidad. Miles de mujeres no podían estar equivocadas; féminas ansiosas todas de ser sumisas de un hombre como usted, sujeto del deseo como cuan Dios griego venido del Olimpo. Seamos francos señor 50 Sombras: su adinerada posición social le delata. Un gran magnate de los negocios con helipuerto propio dice bastante; está claro que si fuese un humilde albañil con ideas sado y una paleta en lugar de una fusta azotaina posiblemente ninguna mujer se le hubiera arrimado como perra en celo. Pero un simple escaneo de pies a cabeza me dice que tiene más para ser objeto de deseo de muchas: su alborotado cabello, su penetrante mirada grisácea, su escultural cuerpo, sus delicadas manos. Y sus 50 sombras que le atormentan. Y a todo este buen parecer se le suma que viste bien, pilota aviones y toca el piano.

Si cree que todos estos atributos (ejem) enloquecerán a las mujeres, en eso no se equivoca: el poder seduce, siempre lo ha hecho. Pero estimado Christian, no se crea de la misa la mitad ya que debo decirle que peca de algo: es usted un completo aburrido. Sí, un soso sin remedio, qué le vamos a hacer. Consuélese, nadie es perfecto. A las mujeres nos gusta que nos hagan reír, que nos respeten, que nos susurren al oído, que nos abracen y nos acaricien como a un peluche, que los hombres sean dulces y cariñosos. No miramos tanto el paquete (el suyo, claro) ni el bolsillo o una cuenta corriente con demasiados ceros, al menos, las de a pie. Las mujeres somos autónomas, productivas, seguras… Más bien luchamos por serlo. Eso sí, nos va a la mayoría lo romántico (En ocasiones con cierta pizca de morbo; que le ponga a cien mordernos el labio le da puntos) y nuestra diosa interior está tranquila. No sabe lo que se pierde al no salir con una chica al cine o a cenar sushi (O lo que le guste comer, quizá desapruebe este manjar dada su obsesión por una dieta regular y sana).

No obstante, me alegro que sea un producto salido de la fantasía creativa (y erótica) de una autora. Un hombre así como usted no debería estar permitido: salvaje, redomado, acosador, ¿machista?, misterioso, duro, oscuro. Como ideal erótico anti-romántico sobre el papel puede resultar pasable, pero al momento se convierte en un ser completamente inofensivo como tema de conversación entre amigas y conocidas. Ahí es donde deja de ser real; sólo existe en el subconsciente femenino, tan ávido de placer por lo que se ve. No me malinterprete querido Christian Grey: está bien fantasear e imaginar de mil maneras a un príncipe azul, cosa que usted ha roto con todo los moldes posibles. Ahora por su culpa las mujeres —en absoluto mosquitas muertas torpes y desgarbadas como su amada Anastasia— ya no sueñan con un príncipe vestido con una sutil armadura a lomos de un corcel blanco, sino con un hombre ataviado con corbatas y caros trajes de Armani y helipuerto propio. Tampoco lo quieren con una afilada espada, más con fusta y látigo; ni que las rescaten de lo alto de un castillo, más que sean azotadas y atadas a una cama. Menos aún que las agasajen con bombones y un ramo de rosas, más con suculentos y carísimos regalos… e infinidad de perturbaciones que enloquecerían al mismísimo Freud. ¿Dónde queda ya el héroe chupasangre-asesino-pero-hermoso de Eduard Cullen? No vaya a creerse que el vampiro me seducía, en absoluto. Pero puedo solidarizarme con su dolor, con sus fantasmas del pasado Sr. Grey, aunque no me pida dejarme llevar por una relación tan tóxica que coarte mi libertad, que me haga ser mujer objeto de doloroso placer de un hombre. Esposas de retención, grilletes, cuerdas, bridas, vendas… Querido Christian, sus prácticas sexuales es el menor de sus problemas. Seguro que sería más efectiva una sesión con el psiquiatra que una de sexo vainilla. Pruébelo, nunca está de más.

No quiero crearle malos rollos y entiéndame, el tema de la sumisión lo disfruté en su película en tanto en cuanto fue sexo simulado (En su libro me dio alas a la imaginación). Debo aplaudirle el que haya sido capaz de saber tocar la líbido y la sensibilidad femeninas (Ha sido tocado con la varita “mágica” de poner cachondas a miles de mujeres para envidia de muchos hombres), cosa que no es de extrañar ya que para eso le han contratado. Tampoco sea egoísta y se lleve todo el mérito usted solito, amén de que le engendró una escritora y su película está dirigida por una mujer. Tampoco eche por tierra alguna variación que haya podido introducir en las anodinas relaciones sexuales de muchas parejas igual de anodinas. Y sabrá usted muy bien que aunque el bondage, la dominación y la sumisión ya existían antes de su película, ha tenido el poder en la mano (nunca mejor dicho) de hacerlo llegar a nivel planetario, pero enfatizo que para aficionados. ¿No se habrá hecho ilusiones, verdad? Espero que no.

Así y todo, señor 50 Sombras, vayamos a su película. Está claro que si del mismo modo los hombres mueven Roma con Santiago por ver el fútbol, miles de incesantes lectoras y espectadoras hicieron lo impensable por verle en pantalla. Ya le dije que el poder seduce (y una pizca de buena dósis de hormonas revolucionadas). Las tiene a sus pies —a las mujeres, entiéndase—, pero no se equivoque: si a mí un hombre, por muy buenorro que esté, me mete en un Cuarto Rojo lleno de látigos, fustas y demás instrumental de tortura, saldría en estampida que ni Fernando Alonso me alcanzaría en su Fórmula 1. Lo que quiero decirle querido Christian es que, sí, no se lo niego, su película como una sesión de sexo light, de amor con morbo o como quiera llamarlo, no estuvo mal y dejó buena impresión. Pero nada más. Y es que entiendo que es prácticamente imposible observar escenas de sexo explícito en un cine donde se proyectan películas infantiles como ”Bob Esponja: Un héroe fuera del agua”. Sin embargo, esa autocensura al erotismo en los albores de los tiempos modernos es insultante. Porque el hecho de que mujeres del mundo mundial no hayan tenido un frontal masculino suyo (por obra y gracia de Jamie Dornan), aunque hubiese sido un visto y no visto, es inexplicable. Y no será porque el actor norirlandés no esté dotado, perdón, capacitado (El chico fue modelo para los calzoncillos Calvin Klein, así que “capacidad” tiene de sobra). Sin embargo, eso no deja que sus “50 Sombras” sea sexo asexuado, un atentado a la castración masculina. En la práctica erótica, un cuerpo desnudo (masculino o femenino) es lo deseable. Si llegara a ser español —que aquí las mujeres siempre piden más—, sabría usted lo que es sexo duro en pantalla. De la que se ha librado…

Así que no dejo de pensar y concluir que debieron robarle alguna de sus 50 sombras porque qué mala sombra tuvieron con usted, señor Grey, qué mala sombra.

Att,

Una chica sin diosa interior que no podría ser su Ana //

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