We´re off to see the wonderful wizard of Oz

por ɴᴜʙᴇs ᴅᴇ ʙᴇsᴘɪɴ

Sigue el camino de baldosas amarillas

“Vamos a ver al maravilloso Mago de Oz”, dijeron hace tres cuartos de siglo una joven Dorothy, un león en busca de valor, un espantapájaros sin cerebro y un hombre de hojalata que anhelaba un corazón para sentir. Un cuarteto singular que lleva 75 años caminando (y soñando) por una estela de baldosas amarillas en un mundo mágico lleno de hadas buenas y brujas malas con la cara verde. “Sigue el camino de baldosas amarillas”, respondía Glinda, la Bruja Buena del Norte, en respuesta a la inquietud de Dorita sobre cómo llegar a Ciudad Esmeralda para encontrarse con el grande y poderoso mago. Cuatro personajes perdidos y desorientados en medio de un amplio sendero amarillo caminando hacia Oz con la firme esperanza de que un artífice de la magia más poderosa solucione sus problemas. ¿Acaso no se desprende una sutil metáfora? Una niña extraviada desplazada a un mundo mágico por un tornado que anhela volver a un Kansas en blanco y negro, y que por soñar con un lugar distinto va a parar a un universo a todo color. Sus compañeros de aventura solidaria, mutilados a priori, esperan que un ser supremo, entre lo espiritual y lo moral, les dé esos adjetivos que eleven su personalidad: quieren ser listos, valientes, ser amados y más interesantes. Desean anticiparse a la incertidumbre y dar respuesta a la incógnita. Y siempre transitan felices y contentos a lo largo de un camino empedrado.

No somos Dorothy ni tenemos unos chapines de rubíes que nos devuelvan a casa con tan sólo chasquear sus tacones tres veces mientras decimos “Se está mejor en casa que en ningún sitio”. Pero también transitamos (o soñamos) por las baldosas amarillas rumbo a Oz. El camino parece estar impregnado de una neblina mágica que, conforme avanzamos sobre nuestros pasos, se va esfumando. El destino es tan gris como la partida: el fraude de un ser que esquiva el miedo a través del engaño; un fraudulento mago, un impostor sin escrúpulos que embauca a todo Oz con trucos de barraca. Lo verdaderamente auténtico es el camino.

Nos da igual dónde vaya a dar el sendero dorado del genial país de Oz: al final también nos estará esperando algo tan resplandeciente como una esmeralda. Pero como el travieso Totó que tira de las cortinas para dejar entrever al mentiroso mago, nuestros sueños pueden quedarse hecho pedazos. Hay que seguir el camino de baldosas amarillas y anhelar alcanzar Esmeralda. A fin de cuentas, la fantasía y la capacidad de soñar es lo que nos hace más valerosos, creer y sentir. En definitiva: ser.

We’re off to see the wizard,
The Wonderful Wizard of Oz

We hear he is a whiz of a wiz, if ever a wiz there was
If ever, oh ever a wiz there was,
The Wizard of Oz is one because
Because, because, because, because, because
Because of the wonderful things he does
We’re off to see the wizard,
The Wonderful Wizard of Oz

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