La noche de los cabezones

por ɴᴜʙᴇs ᴅᴇ ʙᴇsᴘɪɴ

Se las vio y deseó con 8 apellidos vascos

¡Qué guay es el cine, da igual de dónde venga! Al encender la cajita tonta, estaba por tragarme los debates políticos sabidos a estas alturas por todos en Un Tiempo Nuevo de Telecinco (El Gran Debate II o La Noria II, a mi parecer), o ser “testiga” (sé que no existe tal palabra, pero me tomo esa licencia entre comillas) de la noche del cine español en TVE, esa noche en la que nos enteramos de la existencia de algunas películas españolas. Lo demás, no me interesaba. Y la verdad sea dicha: tener la tele apagada a las 10 de la noche se me hacía raruno. Así que me decanté por la fiesta televisiva.

Humor “blanco roto” y buen cine made in Spain

El cine es una carta de presentación de un país, una carta que hay que saber redactar. Los Goya, esos famosos y pesados cabezones, aún están en pañales en sus 29 lozanos años de vida si echamos la vista hacia el otro lado del Atlántico. Pero en tan poca trayectoria ha sabido aunar la esencia de un arte, el 7º, el de contar historias y fabricar sueños, que es cada vez más bello de admirar. El cine español está de moda.

Por fin una gala divertida, elocuente, correcta y puramente cinéfila. Se echaba de menos una gala “mutis” en la que se hablase única y exclusivamente de cine, de premios y sin pedrea. Atrás hemos dejado lo chabacanero, lo hortera y los discursos incómodos, que ya sabemos todos que ese 21% de IVA hace mucho daño y que ese señor con cara de pocos amigos apellidado Wert se merece un tirón de orejas. Y por supuesto, la politización de alto riesgo (y más los tiempos que corren) porque no me imagino a Mariano Rajoy en plan Michelle Obama en los Oscar 2013 en conexión directa con Moncloa. Hubiera sido una pesadilla de la que difícilmente habríamos podido despertar al estilo relaxin´ cup of café con leche en Plaza Mayor: saldría en todos los periódicos y en primera plana. Hemos dejado de echar piedras y la noche del cine español ha ido como la seda.

Muchos chistes de un humor “blanco roto” (y buenos, eso sí, que podían haber sido malos, pero no); una isla máxima más que mínima y un niño muy guapo; un baile de claqué que siempre queda cool; un discurso aceleradísimo estándar de un minuto para quedar bien ante el personal y otro más pausado de diez minutos de sopor de un señor con cara de Francis Ford Coppola, que no es otro que el honorable presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (ahí queda eso). Y un honorífico momento para “Anchoniou” (pronúnciese a lo Melanie Griffith), cuyo discursazo ha sido de lo más humilde (y largo como para asfaltar toda una autopista) que hayan podido oir mis orejillas. Te queremos Antonio Banderas, a.k.a Gato con Botas. Eres el mejor baluarte de lo español.

Ni Goya te hace sombra, Antonio

Y ya sé que todo estaba muy guionizado, mirado con lupa y ensayado, pero desde hoy me declaro fan del andaluz de Ocho Apellidos Vascos. Sí, ese que no tiene el físico de Mario Casas pero sí esa belleza a la que los españolitos medios sólo podemos aspirar, a la que no se ve desde fuera. Me declaro fan de ese chico capaz con mucho desparpajo de lanzarle un piropo a Penélope Cruz con el Acueducto de Segovia de por medio y que prefiere un “camionaco” a los “trailereses”. Para mí el Goya fue para Dani Rovira. Goya para el mejor contador de chistes, al mejor orador exprés, a las mejores piernas, al mejor montador de trailers, al mejor maestro de ceremonias. Supo meterse en el traje de presentador novel hablando con sordina sin oler a rancio y haciendo buena autocrítica sin meter tanto el dedo en la llaga en una noche en la que cupo de todo, el tonto, el tinte y el tinto. Y yo que creía que no le llegaría a las rodillas a la gran Eva Hache. Mea culpa, lo siento Dani.

Sólo me quedó una cosa que no pude encajar: ¿qué pintaba Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo? ¡No puedo con un título así! Enhorabuena a los premiados (me rodea un karma extraño, me alegro sobremanera por el triunfo ajeno) y si se me permite el chiste, también a “los orcos” del Estado.

En 15 días nos vemos en Hollywood con el tío Oscar.

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