Verano Azul, o la epítome del verano perfecto

por ɴᴜʙᴇs ᴅᴇ ʙᴇsᴘɪɴ

La serie de los veranos españoles que ya no existen

Debo reconocerlo: estos últimos meses sufro de nostalgiatitis aguda. Recordar tiempos pasados (que no tienen por qué ser peores) es bueno; es prueba irrefutable de dónde estamos y hacia dónde vamos, sin obviar que el tiempo pasa para todo el mundo y ¡cómo nos cambia!. Hoy, al enchufar la cajita tonta antes de sentarme a comer, coger el mando a distancia y zapear (menudo invento este) me encuentro con una serie que aviva la nostalgia más pura que existe, que forma parte de nuestra memoria sentimental colectiva. Hoy, 30 de junio de 2014 y tras casi 33 años después de su estreno, vuelve Verano Azul. Sí, esa serie del gran Antonio Mercero que tan bien impresa está en nuestro ADN; esa serie del verano perfecto del españolito medio de principios de los 80 vuelve por enésima vez a TVE como “el estreno del año”. Creo que los del ente público están con la noltalgia mucho peor que yo, por lo visto.

Comienza el show. 14:20 h. Con el bocado aún en la boca suena el primer acorde de la inolvidable sintonía. Imagen remasterizada, pero misma esencia. Tocará revivir aquel grito de un lloroso Pancho corriendo por la playa anunciando la muerte de Chanquete (hoy convocaría al pueblo entero de Nerja vía Twitter, Facebook o Tuenti para dar la noticia). Y yo que creía que no había nada igual al “Españoles, Franco ha muerto”. Todo un mítico momento televisivo de lo mejor que he visto. Y confieso además que me duele hasta a mí los planchazos al agua de Javi y Pancho en busca de la pulsera de Bea, y que me sigue acongojando los lloriqueos de un rubiales Juanjo Artero al ser rescatado de entre las garras de una marea alta.

Es solo el principio. Quedan 18 capítulos para veranear y recordar. Hambre de nostalgia equiparable a la incansable saciedad del Piraña zampándose un bocata de Nocilla. Demasié para mi body, diría Tito.

Serie atemporal de cuando todos veíamos lo mismo en TV

#VeranoAzul (esta es su 1ª reposición en la era Twitter, toda una revolución) no pasa de moda; lo único antiguo es el formato en el que se rodó. Los temas que abordaban, muy universales como la ecología, la sexualidad, el compañerismo, el temor a la muerte u otros tan candentes como el divorcio o la corrupción urbanística que tanto daño nos ha hecho, son un claro ejemplo de que nunca se pierden, da igual la época. Lejos de la ñoñería (yo no la veo; me da que hay quien la confunde con buena conducta y urbanidad) y con sus momentos frescos hacen que la vida sea un regalo. Vivimos deprisa, y a veces o siempre confundimos conceptos. Está claro que a todos no nos tiene que gustar lo mismo de igual forma, pero odiar la serie de Mercero es odiar los buenos valores del ser humano (perdidos y tan necesarios), como la comprensión, la diversión sana, la amistad, el respeto, la ayuda… Lo contrario sería lo superficial, y de eso ya estamos hartos, hasta el moño.

Por eso Verano Azul sigue viva.

Unas bicis, unos juegos en la calle, un acordeón y unas sardinas asadas

La serie, reflejo de una España en transición y los inicios de una época de libertad, de amores y de relaciones entre generaciones, se escribe con mayúsculas. Es una serie que nos muestra una infancia/adolescencia que vive sin whatsapp, ni redes sociales, ni instagram es pos de la imaginación y la creatividad a la hora de divertirse. Con ella aprendimos que las mujeres, en una era pre-Tampax, tenían “el periódico”, que podían ser madres solteras, que las conductas incívicas perjudicaban al planeta, que las excursiones a las cuevas podían ser muy peligrosas, que la construcción de macroedificios en la costa hacían peligrar el barco de un viejo pescador, que la fama nunca es buena y que las personas tan íntegras como Chanquete podían morir. Volveremos a corretear por Cala Chica bajo el sol de Nerja, a silbar la sintonía montados en bicicleta, a hablar al revés, a recoger cangrejos, a comer sardinas asadas en La Dorada hasta hartarnos, a ver una peli en un cine de verano y a impedir un desahucio a guitarrazo limpio y cantando  No Nos Moverán. Caray, si tan solo siete zagales, una pintora y un viejo pescador hubiesen bastado para detener las máquinas que tirarían las casas abajo, volvería una y mil veces al verano azul de Nerja. España no sería la misma. Por eso echo de menos aquellos años, aquellas gentes, aquel ambiente. Era como otra forma de ser. Hay magia al recordar otro tiempo que ya no es.

Con la maravillosa serie de Mercero pasa dos cosas: lo mismo que las chicas de los 80 se pedían a Javi o a Pancho (los chicos lo tenían fácil con Bea), o perteneces al grupo de españoles que la han visto o al grupo de los que no. Yo, y no hace mucho, me pasé al bando de los que sí la vieron. No importa, nunca es tarde. Verano Azul es como Terminator: siempre te dirá “Volveré”. Qué queréis que os diga: me encanta que la hayan puesto otra vez. Y no sé cuántas van ya.

Mientras tanto, voy a ver si me pillo unas cangrejeras, que molan cantidad.

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