Y me rompí en pedazos

por ɴᴜʙᴇs ᴅᴇ ʙᴇsᴘɪɴ

Nuestros ombligos siempre habían vivido juntos, desde que éramos algas. Mujer mar y yo. Yo respirando a través de su concha, alimentándome con palabras que guardaba sólo para mí… Las rocas desaparecieron, y nuestro pequeño paraíso se cubrió de las agallas de aquel ser sin pelo, que se iba quedando con todo el coral de entre las nalgas de mi madre. Pero era a mí a quien quería, aunque me negaba a saber.

 

Intenté hablar. Y respirar sin agua. Hasta que pensé que callando todo lo malo, desaparecería. Me equivoqué. Nací de mar, ¿recuerdas? Y ahora mi vida es como un pequeño desierto. Con el ombligo abierto, sin ti. ¿Dónde estás? Abismo, al otro lado el abismo. Yo quieta, sin saber a dónde ir. A dónde poder ir …
El hombre serpiente era ya un dios. Entonces pedí amor, silencio. Y encontré al hombre que creaba con sus manos, sin miedo a serpiente, ignorando el daño que podía hacernos. Me dio una tregua, una canción. Dibujó para mí un mundo por el que poder escapar. Un mundo sin miedo, al que añadir colores. Y debería haber sido suficiente. Pero era tarde. Ya no me quedaba alma. Ni voz …

… y me rompí en pedazos.

Lo malo de una mujer con el corazón roto es que empieza a repartir los pedazos
Anónimo
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