Respaldados por un beso

por ɴᴜʙᴇs ᴅᴇ ʙᴇsᴘɪɴ

Un beso, ese acto de tocar, de rozar con los labios los de otra persona; un intercambio mutuo de amor, cariño y amistad. Besar una boca, un rostro, unas manos, una mejilla, todo aquello que sea besable. Y sentirnos respaldados por alguien en la noche oscura, por un beso, por una caricia. 

 

Es el pecho de otra persona lo que nos respalda, sólo nos sentimos respaldados de veras cuando hay alguien detrás, lo indica la propia palabra, a nuestras espaldas, alguien a quien acaso no vemos y que nos cubre la espalda con su pecho que esta a punto de rozarnos y acaba siempre rozándonos, y a veces, incluso, ese alguien nos pone una mano en el hombro con la que nos apacigua y también nos sujeta. Así duermen o creen que duermen la mayoría de los matrimonios y de las parejas, los dos se vuelven hacia el mismo lado cuando se despiden, de manera que uno le da al otro la espalda a lo largo de la noche entera y se sabe respaldado por él o ella, por ese otro, y en medio de la noche, al despertar sobresaltado por una pesadilla o ser incapaz de conciliar el sueño, al padecer una fiebre o creerse solo y abandonado a oscuras, no tiene más que darse la vuelta y ver entonces, de frente, el rostro del que le protege, que se dejará besar lo que en el rostro es besable o quizá medio dormido, le pondrá una mano en el hombro para apaciguarle, o para sujetarle, o para agarrarse acaso.
 
Corazón tan Blanco (1992) de Javier Marías
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